Pelayo de casa Garcés de Fanlo

Pelayo Noguero Bernad murió el pasado 31 de Enero, tenía 71 años y era de Fanlo. Su oficio y modo de vida era el de pastor trashumante. Vivía la mitad del año en el puerto, a los pies de las Tres Serols y con las primeras nieves partía hacia la tierra baja, siempre con la esperanza de volver cuanto antes a Fanlo, su casa.
A Pelayo lo vimos en diversos medios de comunicación: prensa escrita, televisión. Y lo veíamos todos los años allá por Mayo cruzando por Zaragoza a la cabeza del ganado transitando la cañada real. Pero a mí donde más me gustaba verlo era en Goriz. Allí a más de 2.000 mts de altitud repartía su tiempo entre la atención al ganado y a los turistas. No escatimaba en explicaciones ni en tiempo con los visitantes, a cambio les pedía información de sus lugares de origen y dedicación. Pelayo guardaba en su prodigiosa memoria los datos y viajaba a través de los infinitos relatos por todos los países y ciudades que le detallaban. Así, cuando alguna vez fui a visitarlo, camino de la gruta de Casteret o por Sierra Custodia, mi tío me regalaba dos viajes uno por el el lugar y su pasado, me contaba historias de maquis y contrabandistas y otro a través de los relatos que le contaban visitantes. Cuando bajaba del puerto bajaba contenta. La inmensidad del lugar junto con el afecto y la felicidad que intuía en mi tío ensanchaban mi energía, me llenaban de entusiasmo.
Cuando mi madre me contó que Pelayo nos dejaba sobre mi soledad sentí la suya, con el mismo estruendo con el que caen los aludes, más nieve sobre nieve. Las tormentas al raso, la lluvia, el frío... demasiada intemperie para un corazón pensé. Pelayo, como tantos hombres de la montaña estaba soltero. La muerte se llevó de un plumazo la ilusión que todo solitario alberga de compartir cobijo.
Se fue como vivió, discreto y austero, no hubo tiempo de despedidas, pero quedará su eco. Los montañeros que pregunten por él a sus buenos amigos de Goriz llevarán y traerán su nombre, y resonará por las montañas y hasta habrá quien lo vuelva a ver escarpando las cuestas y los repechos, ágil como un sarrio.
Reyes Guillén
La que aparece en la foto es Reyes, grande y resplandeciente, de expresión lánguida en ocasiones, ojos chispeantes en su plenitud y corazón siempre presente. La foto la hice yo, y estábamos en mi casa. No le he pedido permiso para colgarla, pero está tan guapa que no he podido resistirme. Es lo que tiene la amistad, que una puede tomarse estas licencias.


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